domingo, 3 de abril de 2011
martes, 29 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
Repaso de la historia.
Repaso de la historia:
No es polvo lo que ves en el aire.
Son partículas de lo que fue apilado en esta tierra, trasformadas en memoria y aplastadas para que quepan mejor.
Son las marcas de la presencia en en este suelo terrestre, que nos vuelve o no históricos y... parte del Todo que nos hace desaparecer en un momento, para que luego haya otro igual (que quizá no exista todavía).
Somos "Los Únicos" re-repetidos.
Fuera del existencialismo berreta, veo que sólo una parte de mi cuerpo tiene beneficio del pasaje de huida.
Y vos creias que estabas sola...
No es polvo lo que ves en el aire.
Son partículas de lo que fue apilado en esta tierra, trasformadas en memoria y aplastadas para que quepan mejor.
Son las marcas de la presencia en en este suelo terrestre, que nos vuelve o no históricos y... parte del Todo que nos hace desaparecer en un momento, para que luego haya otro igual (que quizá no exista todavía).
Somos "Los Únicos" re-repetidos.
Fuera del existencialismo berreta, veo que sólo una parte de mi cuerpo tiene beneficio del pasaje de huida.
Y vos creias que estabas sola...
El resto deberá: adaptarse o morir (me dijo Darwin).
Hoy mi nombre será: Doménica Bustek.
Da igual.
Da igual.
martes, 1 de marzo de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
Volador Mogul.
Y ahi me quede.
Delicada, aunque no mansa.
Me mezco en el tiempo que se pasa en este mismo momento...
y es como masticar sin dientes...
pero con los ojos.
sábado, 30 de octubre de 2010
Migración por la ventana (Collage homenaje a Marc Chagall y Frida Kahlo).
Así transcurre su vida...
sin concurrir a los llamados
por no saber cuales son los "enviados por la divinidad".
viernes, 29 de octubre de 2010
juguetes.
Le duele la columna de tanto pelear contra el tiempo...
A mi me arden los dedos...
por agarrarlo siempre de las alas.
por agarrarlo siempre de las alas.
sábado, 23 de octubre de 2010
viernes, 22 de octubre de 2010
domingo, 17 de octubre de 2010
La beci.
Doce años, seis meses y veinticuatro días desde el día que fingí saber andar en bicicleta y, de canchera, aprendí a hacerlo.
Macabra.
En una bolsita común,
opaca de tanto uso,
el viejo guarda los remedios
que lo harán vivir algunos años más.
Estaba de visita.
Sola en la casa.
La vi desde la ventana de la habitación (la misma en la que la gatita había tenido sus crías sobre el vientre de mi madre).
La vi de lejos, la vi moverse.
Imaginé que andaría sin dueño.
Tenía el pelo tan oscuro que se confundía con el verde oscuro de los álamos de noche.
La yegua que, al parecer no tenía sueño, paseaba por la chacra de mi madre en busca algo quizás. Miraba las plantas, las olía, caminaba despacio, haciendo crujir con sus pezuñas las malezas.
Rítmicamente se acercó a la ventana mirándome con sus ojos planos.
(Su cara parecía la cara de un ser humano con cara de ese animal. Podría haberlo sido...)
Ya frente a la ventana, su respiración colapsaba la mía.
Mi mandíbula chasqueaba inevitablemente y mi rítmo cardíaco se destartalaba como siempre que algo atraviesa mis nervios.
Se quedó mirando la habitación con un exceso de descaro.
(Habrá supuesto que estaba sola...
de no haberlo creído, no lo hubiera hecho de ese modo...
aunque nunca se sabe.)
La yegua me miró... como a algo más de todo lo que no era lo que ella buscaba.
La seguí con la mirada desde la cama.
Me escoltan las gatas y los perros que parecían saber que la guardia debía permanecer baja
(semejante ejemplar merecía el respeto de todos).
Empañó el vidrio y yo, que contemplaba boba los dibujos ovales que formaban sus grandes fosas nasales, llegué a distinguir sus pestañas, sus labios y hasta el reflejo en sus ojos de mi cara de estúpida babeando de emoción.
Nada encontró de su interés en la habitación. Giró su cabeza; luego su cuerpo.
El olor de los perros que percibía distraída, me permitía imaginar que se trataba del olor de su piel brillosa.
Movió una pata y luego las otras.
Caminó hasta la entrada/salida de los humanos.
Saltó grácil la tranquera y caminó con sus patas oscuras por la calle de ripio que bajaba hacia el mar.
Se fue...
La vi irse como si nada hubiese perdido y convertirse, sabidamente convencida, en el medio de transporte que parecía nunca haber sido.
Tuve ganas de apoyar mi cabeza en su lomo y acariciarla... pero no lo intenté.
No pude acercarme. No pude moverme.
Creo...
Quizas me guste desperdiciar oportunidades...
ó quizas sólo encuentre algo deformente romántico en la posibilidad de la mera anécdota.
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